Suzuka: actividad sísmica

La Fórmula 1 llega esta semana a la tierra del Sol naciente, ojos rasgados y… velocidad. Mucha velocidad. Es increible la religión que existe entorno a los deportes del motor en el país nipón: allí se dedican horas y horas de programación para los amantes de las 4 y 2 ruedas (no todo es Tokio Drift), tienen sus santos de deboción  y la fiesta de la Fórmula 1 dura semanas (si, tienen más fiestas que los de Alpedrete)

Todo empezó, más o menos, cuando Soichiro Honda decidió montarse el negocio: La postguerra daba la oportunidad de invertir bueno bonito y barato en maquinaria, y allí que fué el. Nació Honda, y con ella el espíritu racing más capaz de todo Japón. Pronto estarían en la F1, en la década de los 60, impulsando sus propios bólidos. Más tarde, en la década de los 80, llegarian magníficas victorias como motorizadores de auténticas joyas de los circuitos como Lotus, McLaren, Williams o Tyrrell. Próximamente le dedicaré un amplio artículo a la escudería de la H, palabra.

Sobre la pista

El circuito de Suzuka fué construido por órdenes expresas del mismísimo Soichiro: Su empresa necesitaba un circuito amplio, exigente y exclusivo donde rodar con sus bólidos. Fué en 1962 cuando el trazado se inauguró, aunque hasta el año 1987 no hospedó su primer Gran Premio de Fórmula 1, sustituyendo al Gran Premio del Pacífico.

Exigente como el que más, pronto se ganó la fama de circuito duro y decisivo. Empezó a ser una de las últimas carreras del calendario, otorgando puntos decisivos para la victoria final en Brasil.

El mito

Con condiciones siempre cambiantes, muchas carreras en lluvia, Suzuka es uno de los circuitos más técnicos del mundial. Pericia, y mucha, hacía falta para mantener aquellos toscos monoplazas noventeros en la pista. Ni botoncitos por doquier ni historias, palanca de cambio y pedal a tabla.

Y aquí es donde nace el mito: Ayrton Senna y Alain Prost. Ambos siempre imparables, en lo más alto de sus carreras, los campeonatos de 1989 y 1990 no estuvieron faltos de polémica. Ambos se decidieron en este trazado, de las formas más variopintas y pintorescas. Para algunos grandes éxitos, para otros grandes bochornos.

– Año 1989. Corría la vuelta 46 de 53 y Senna se arrimaba más y más su compañero de equipo (ambos corrían en Mclaren-Honda esa temporada). Primero y segundo, Senna necesitaba al victoria para seguir optando al mundial. La temporada estaba siendo muy muy apretada y el espectáculo se habia visto a raudales a lo largo de todo el calendario.

Fué entonces cuando el francés optó por la mas fácil: Te dejo medio pasarme, para cerrarte y tener que abandonar. Pero no fué así. Mientras el francés pudo entrar a boxes y retirarse, Senna  pudo reparar su monoplaza. El brasileño ganó la carrera. Pero fue eliminado por los comisarios por saltarse el trazado tras la colisión. Así Alain Prost se coronó campeón de la temporada 1989.

Visto del coche de Senna:

– Año 1990: Mismo escenario, mismos protagonistas, distinta escudería. Prost siempre alardeó de que su fichaje por Ferrari se debía al éxito de su carrera deportiva: todos saben que Senna le habría hecho la vida imposible en Mclaren.

Mucha fué la polémica antes de la salida. Senna logró la pole, pero ese año la parrilla estaba invertida: los números pares salían por el trazado limpio. Y allí, en el puesto 2, estaba Prost. Y pasó lo que tenia que pasar: Ahora era Senna el que necesitaba por activa y pasiva que Prost no acabara de ninguna forma esa carrera y él sería campeón.

Tras el semáforo en verde, y en apenas 30 segundos… ambos estaban nuevamente fuera de pista.

Es desde entonces que Suzuka, por estos y otros muchos motivos como la soberbia victoria de Schumacher en 1994, o el recital de Hakkinen en el 98, figura como una cita ineludible en el circo de la F1.

Cosas que nos recuerdan que, en otra época la competición se regía por una máxima: lo importante es ganar, lo secundario es como. ¿O acaso aún esto hoy sigue vigente?

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