Reflexiones tras el GP de Corea

Quien iba a decir hace una semana que me iba a parar a escribir estas líneas a modo de resumen de éste fin de semana. Con el trabajo a medio terminar en pista, pocas eran las espectativas puestas en este Gran Premio. Sí, lo sé, no me considero una persona pesimista pero todo pintaba de una forma muy desaliñada y carente de valores más allá de los puramente económicos del Gran Circo.

Prisas, prisas y prisas por correr, por dar el banderazo de salida. Ya se demostró el viernes el pésimo y peligroso asfalto para los pilotos, traducido en prometedor y divertido para los espectadores, y cómo el sábado la pista no terminó de mejorar.

Y pasó lo que tenía que pasar. Carrera con lluvia, nervios en el Paddock, incertidumbre en casa viendo la tele, y comisarios decididos a correr pero con el mínimo riesgo posible. ¿Es esto Fórmula 1? Antes las carreras se corrían, lloviera, nevara o granizara, siempre que el coche no se quedara atascado en pista. Cada piloto decidía que riesgos correr, incluso jugando con su vida.

Lo que estaba claro era que se corría. Muchos intereses, muchos compromisos, los puntos debían disputarse de una forma libre y honrada. Las 2 vueltas iniciales tras el Safety Car nos pusieron en aviso de la incertidumbre (o aparente) existente. Eran las mínimas necesarias para que hubiera reparto de puntos, un 50% de la cantidad total destinada para cada puesto de los 10 primeros en parrilla. Ciertamente ha sido sorprendente la frialdad con la que se sucedieron todas las decisiones en pista, más cuando la cosa tuvo un final genial, por lo que esas palabrejas entredientes que a más y quien menos se nos escaparon por estar perdiendo minutos de emoción y de sueño ya no son válidas un dia despues. Hay que felicitar al equipo de Charlie Whiting, pues demostraron una eficiencia inigualable, ya fuera de forma calculada o afortunada. Y es que siendo sinceros, lo de ayer fué un marrón muy serio para todos.

Si bien la decisión de rodar tras el Safety Car hasta que este quedara sin gasolina fué una táctica ultra-conservadora, de seguro esto ayudó a que más de uno acabara la carrera. Fué una lástima cuando vi como Webber se estampaba contra el quitamiedos y Rosberg no podía hacer nada para evitarle. Un gran fin de semana prometedor para ambos, acabó de una forma muy muy precipitada. Y el Australiano no se cobijó tras pretextos o escusas, se disculpó de Nico personalmente tras llegar a Boxes y admitió que todo fué un error de pilotaje.

El sueño se desvanecía, al igual que la luz en Corea, y otros focos empezaban a brillar. No, no hablo de la iluminación artificial del circuito, inexistente aún en pista. Vettel y Alonso estaban peleando en una batalla de resistencia, de «último hombre en pié», con Hamilton como invitado de lujo.

Que irónico que el alemán, al ser preguntado por la luz a falta de media hora de carrera, contara que «esto está muy oscuro, no se vé nada». Como si de una premonición de su futuro más inmediato se tratara. Y es que ya habiamos visto utilizar el Team Radio como poderosa arma de control, así como de útil de recatidos de equipo, pero este fin de semana ha tomado otro rumbo: El plenamente reivindicativo y de presión a los comisarios de carrera. Cada uno barriendo para casa, el líder no podía ser menos. Un hecho un tanto feo y bochornoso para quien aspira a Campeón en una categoría como es la F1, donde todas tus maniobras (honradas o no) deben ser trazadas en pista, en el hombre a hombre.

Mientras seguían pasando las vueltas, y ya con el cansancio en el cuerpo de los pilotos, los reflejos iban mermando. Los accidentes empezaron a sucederse: Buemí decidió cederle el protagonismo a Alguer, un Sutil completamente desatado quiso hacer de Kobayashi… poniendo en peligro a media parrilla. Sutil: Cero. Hay momentos y momentos, y ayer no era el tuyo. Déjalo por favor…

Y a 10 minutos del final, pasó. Siempre he pensado y creido fervientemente que los desastres de otros no hacen más que mermar lo épico de tus gestas. Habría sido genial que Vettel hubiera seguido hasta la última vuelta,y  quizá haber visto una espectacular guerra bajo la lluvia Coreana por la victoria en el Gran Premio… a pesar de que tanto el de Ferrari como el de Red Bull hubieran acabado fuera de pista.

Pero las cosas no fueron así, y con Vettel fuera de juego sólo cabía un final: Alonso se iba a coronar como primer rey de Corea, y además iba a escalar a lo más alto de la clasificación del Mundial de pilotos. Ni el más optimista de los Ferraristas en todo el planeta habría soñado algo así. Mazazo y golpe de autoridad, recortando 50 puntos en 4 carreras hasta lo más alto del liderato.

Impaciente espero por Interlagos, y como bien recomienda Montezemolo: Prudencia, mucha prudencia…

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