Circuitos míticos en el recuerdo: Reims-Gueux

El año pasado los elementos se alinearon en una mañana de agosto. Después de unos días por el Ring tocaba volver a casa y el camino se antojaba tan largo como soporífero. Para más inri sin haber bajado del 9.30. Asique por qué no darse el capricho y hacer unos kilometros más. Destino: la ciudad de Reims. Objetivo: el circuito de Reims-Gueux.

Después de hacer noche en el centro de la ciudad me dirigí al oeste por la autovía que une la ciudad con París y a escasos minutos llegué a mi destino. No hizo falta buscar mucho para encontrar alli, en mitad del campo, lo que en el mundo viejuno era todo un paraíso de la velocidad.

El circuito de Reims-Gueux fué un circuito semiurbano y no permanente de carreras diseñado en el año 1926 entre las localidades que dan nombre al trazado. Se aprovecharon las confluencias de varias carreteras comarcales y de hecho su forma primigenea era tan simple como la de un triángulo, con 3 largas rectas y pronunciadas curvas, una situada bien entrado el pueblo de Gueux.

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Un templo de la velocidad con una larga recta de más de 2 kilómetros donde se alcanzaban las mayores velocidades de la época (en 1951 se llegaron a rozar los 300km/h, record que por aquel entonces solo era superable por el Italcorsa Tarf II), sólo superado por el AVUS alemán, y donde la seguridad era lo de menos. No obstante en su construcción se derrribaron viviendas y talaron árboles para que las curvas no quedaran ciegas y el piloto pudiera saber a qué se enfrentaba.

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Sus hoy olvidadas gradas recibieron entre 1926 y 1970  un total de 11 Grandes Premios de Francia de Automovilismo, 19 citas del mundial de motociclismo y 8 ediciones de las 12 Horas de Resistencia de Coche de Reims. De hecho la carrera soporte de la F1 eran las 12 horas de automovilismo, ahí es nada.

En la linea de recta siguen en pié todas las construcciones permanentes: edificio de comisarios, edificio principal de boxes, tribuna de autoridades, una tribuna cubierta con capacidad para más de 1000 personas (donde se ha preservado la numeración de los asientos!) y dos tribunas mas pequeñas donde en dias de lluvia predominarían los paragüas.

Después de dar una vuelta por los edificios aledaños, accedo a la planta superior sobre los boxes para comprobar que el estado general de abandono no ha generado daños estructurales a la construcción, a pesar de estar esta zona cercada y suponerse que… er… no debiera de estar aquí. Tampoco se aprecian signos de bandalismo ni paredes derribadas.

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La última carrera oficial que se disputó en Reims-Gueux fue en Junio de 1972. Los circuitos permanentes pujaban a la alza con  la construcción de nuevas pistas en territorio galo. Paul Ricard (1969) o Nevers Magny-Cours (1961), junto con el proyecto del circuito de Dijon (1968, fin de la construcción en 1974) forzaron el definitivo abandono de la pista.

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Desde la tribuna de meta lucen las decoraciones restauradas del piso de boxes. Ademas la estructura que en sus días hacía de marcador ha sido recientemente remozada y ahora luce el genial aspecto que vemos en la foto de arriba. Desgraciadamente se ha perdido el cartel publicitario de Total que coronaba la construcción, quien sabe si estará en buenas manos y  volverá a su sitio algún día.

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He dejado el coche al fondo, a una centena de metros de lo que antiguamente se utilizaba como caseta de control de carrera, central telefónica y resto de servicios como bomberos, servicios médicos y policía. Fue construido como reemplazo de una vieja edificación de madera aprovechando la remodelación que se hizo al conjunto en 1937.

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Existe una asociación de Amigos del Circuito de Reims-Gueux, quienes trabajan desde hace más de 10 años en la conservación de las instalaciones. Les he pillado reformando lo que eran los garajes de verificación, también donde se entregaban los trofeos.

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Cabe destacar lo pulcro de todas las instalaciones. A pesar de estar en pleno campo y sin restricción alguna de acceso los únicos restos con los que me topé fueron los cascotes propios de la acción del paso del tiempo. Incluso en el recinto se pueden encontrar bolsas de basura. Un auténtico templo que aguanta en pié tras casi 90 años de historia y obligada visita  junto con otros grandes olvidados como Sitges-Terramar, el viejo oval de Monza u otros tantos que pasaron a mejor vida y a los que el tiempo no les ha hecho otra cosa más que aumentar su eterna grandeza.

Más fotos además de las ya utilizadas, que me enrollo demasiado:

 

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