Escapadas sobre ruedas: Destino Nürburgring (I)

El que pica tecla en este blog anda mudo últimamente. No, mi adicción al olor a ferodo no ha ido a mejor e incluso diría que ha empeorado drásticamente. Tanto que el pasado agosto aproveché para hacer uno de los viajes más espectaculares que un enfermo de la velocidad se puede imaginar: ir hasta el Infierno Verde, el anillo norte,  Nurbürgring, o sencillamente El Templo.

¿Que cómo surgió? Después de muchos años suspirando por las curvas alemanas llegó la cadena de emails y con ella los planes de verano. Los planes eran claros e incluían una semana de perdidos en la carretera, con destino Adenau y sólo camino de ida pactado de facto. Aún era Enero y tiempo de sobra teníamos para tramar: donde hacer noche, por donde desviarnos, y cuantos miles de kilómetros estábamos dispuestos a meterle a nuestras espaldas.

Finalmente el 16 de Agosto fué el dia elegido para iniciar la aventura. Por delante más de 3800kms. Y aquí es cuando entran en juego los méritos de llegar hasta allí, los cuales son compartidos y en gran parte asumidos por mi compi de viaje y también picatecla (hay quien dice que foro sin él es desierto), Sergio ‘Blair’.

El viaje inicialmente estaba planeado contando con más locos de los cochecitos, pero compromisos publicitarios varios (no es coña) le impidieron a más de uno acompañarnos. Esto significa que finalmente vamos con dos coches. Y no dos coches cualquiera, sino 2 modelos muy peculiares que nunca pisaron tierras germanas en su proceso de fabricación.


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Sergio va a llevar su Honda CRZ. Se le ha preparado para el viaje a conciencia con 2 juegos de Goodyear Eagle F1 Asymetric en radio 17″ y una completa revisión de frenos, líquidos y sistema eléctrico. Un hibrido japonés muy chulo por estética y concepto que complementa su motor gasolina 1,5 litros atmosférico de 110cv con otro eléctrico de 15cv que desprende sensaciones por las orejas a un coste ridículamente barato: entre 5,5 y 7 litros de media según cómo lo lleves.

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Yo voy con un Opel GT. Su motor turbo genera 265cv según ficha y es lo suficientemente divertido como para no aburrirte nunca cuando la carretera empieza a volverse revirada. Se le cambian todos los líquidos, se aprovecha para montar una nueva batería, se sustituyen todas las pastillas de freno por juegos nuevos y se le calzan unas Potenza RE050A en 18″ en el eje delantero, proporcionadas por los chicos de 101neumaticos.

Personalmente me decanto por las Bridgestone por lo reforzado de su flanco y su dureza general: este coche va a hacer muchos kilómetros en circuito y no va a entrar en ninguna carrera (y menos con gomas de calle!), luego se necesita un nivel balanceado de durabilidad/agarre y en esto destacan las Potenza una vez tenido en cuenta el peso total del Opel.


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El punto de salida para él Madrid, yo estoy en Barcelona. El trazado original incluía atravesar Los Alpes suizos, si bien esto lo dejaremos hasta la próxima escapadita… que seguro la habrá. Mónaco se mantiene en la agenda para el viaje de ida y no nos lo perdemos.

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Y como no… esto había que celebrarlo desde el primer momento. No todos los días se puede disfrutar la sensación de emprender un viaje a un destino tan exótico como El Templo y mucho menos cuando lo que te llevará hasta allí será lo mismo que te haga disfrutar. Que menos que dar por punto de partida de este viaje otro templo de la velocidad: El circuit de Barcelona.

De las aventuras que en los días siguientes acaecieron caerá otra entrada en muy breves.

>> Seguir a parte Destino Nurburgring (II)

 

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