Formula 1: Felicidades, afición de Montmeló

Incondicionales. Apasionados. Persistentes. Era 2006 cuando Alonso ganó su último Gran Premio en tierras catalanas. Por aquel entonces el circuito entero prendió en un estallido de fuego azul, con gradas a rebosar de gente gritando a su ídolo como si el premio gordo del euromillones hubiera caído íntegro en el circuito.

La Formula 1 es un deporte  de colores, sí, de equipos y de individualismos. Te encuentras de todo: desde el seguidor más acérrimo del teutón de moda que no se pierde una sola carrera hasta esos incontables british que por inercia siguen acudiendo año tras año a la misma cita y con la misma camiseta por escudo. Todo y eso, a pesar del mal trago que está pasando McLaren esta temporada. Pero desgraciadamente son sosos, muy sosos.

Hoy en día sigues encontrando gorras de Brawn GP en los circuitos, aquellas que en 2009 se cotizaban casi más caras que las pura sangre del Caballino. Sin duda fueron algo efímero, al igual que son dignas de ser expuestas en cualquier universidad de economía como pieza de uno de los mayores braguetazos de la historia de la Formula 1.

Pero este año Montmeló ha sido rojo, muy rojo. Sobretodo en el sitio donde más se disfruta de una carrera de F1: en la pelousse, tirado en el césped, con unas buenas birras y mejor compañía. Sobretodo porque los señores que piensan las cosas en el Circuit tienen 2 palmos de frente: qué mejor que traer gente al circuito y llenarlo, fomentando los carnets de socio (pagas desde 140€ y no te pierdes ni una: entrenamientos de invierno, carrera de F1, y por si te quedas con ganas MotoGP) o haciendo promos para traer por la pati a la mayor cantidad de gente posible.

Recuerdo además como la marea roja surgió de la nada de una temporada para otra. Tras temporadas nefastas en el exilio de una Renault deshauciada de todo brillo (y olvidando el periplo en McLaren) Alonso recaló en Ferrari, el oasis deseado. Pero no era más que un espejismo. La competitividad del coche del asturiano ha sido nula temporada tras temporada hasta la pasada, donde se podría discutir acerca del rendimiento del F2012 y probablemente sacar una buena conclusión. Fué en Valencia donde regaló a la afición una victoria en una carrera poco menos que épica. Muy divertida, a pesar de que algunos siempre hemos criticado el circo ambulante que montó Ecclestone allí.

Nuevamente este fin de semana ha sido perfecto para todos los que fueron a Montmeló a ver una gran carrera sin perder la esperanza de ver a su ídolo subido a lo más alto del cajón. Además, los forofos han podido escuchar rugir por última vez en tierras españolas los ya caducados V8 que mueven los coches. El año próximo no se perderá el espectáculo, pero sí que las ventas de tapones para los oídos caerán en picado.

Porque seguro habrá año que viene para Montmeló. La organización del GP de España es siempre admirable y esta dura tarea debería recaer siempre en manos de la administración del circuito de Barcelona. Tanto desde el punto de vista del espectáculo como viendo las cifras que lo hacen ser uno de los GPs más rentables del calendario, con un impacto de 150 millones de € solo en la región de Barcelona.

Además, Montmeló es un circuito muy vivo. Todo lo que necesitas para pasar un gran fin de semana lo tienes allí. ¿Que te aburres de estar en tu sitio? Puedes caminar libremente por todo el anillo externo del circuito, tirarte un rato en el césped a la sombra de un árbol o pasear por las múltiples tiendas en busca de algo chulo que llevarte de recuerdo. Algo que no es posible en todos los trazados.

Felicidades a todos los que fueron a ver la carrera en vivo. Y que nadie le quite el ojo de encima a Carlos Sainz Jr… podrías estar jaleandole en categorías mayores en no mucho tiempo…

 

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