Circuitos abandonados (I): Autódromo de Sitges – Terramar

No importa cuan grande sea el proyecto o ambición. El tiempo lo despreciará, dará paso a nuevas ideas y el pasado será el único sitio donde podrá prevalecer. Ocurre con todo: lo más trivial, un pensamiento, un móvil, o… un circuito de Fórmula 1.

¿Cómo? Si, si, lo que lees. Sin motores rugiendo no hay gasolina que respirar, y la rentabilidad de los circuitos se va a pique. Y esto sucede por muchos motivos: desde lo puramente económico, por disputas políticas o que, simplemente, el trazado queda obsoleto como para albergar carreras de flamantes bólidos.


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Lo que en 1923 se construyó en Sitges bajo un grandioso proyecto de templo de la velocidad pasó pronto a formar parte de los libros de historia deportiva. Jaume Mestres i Fossas intentó emular la magnificencia del trazado en boga de aquella época: Monza. Fué avalado por un señor llamado Federico Armangué, gran amante del motor, y con una inversión de 4 millones de pesetas (me atrevería a decir que a fecha  de hoy, esto serían unos 4 millones de lereles) se construyó un trazado oval de 2 kilómetros de distancia. Su mayor peculiaridad:  unas curvas peraltadas cuyo ángulo rozaba los 90º en los extremos de la pista.


Allí se disputo el primer Campeonato Nacional de España de Velocidad que figura en los libros oficiales de lo que hoy se conoce como FIA. El 23 de octubre de 1923 las gradas del circuito se llenaron hasta la bandera, con gente llegada de los rincones más recónditos del planeta. Una gran cobertura televisiva por parte de los medios de comunicación atrajo a patrocinadores e inversores, pero ésto no fue suficiente.

Tras la bandera a cuadros, los organizadores no pudieron hacer frente a los pagos pues los beneficios obtenidos fueron destinados a saldar las deudas contraidas con los constructores del circuito. Una gran controversia inundó el Paddock y pronto el trazado fué baneado para su uso en competiciones oficiales. Además, las federaciones consideraron sus curvas como muy peligrosas, y así el proyecto se vió enterrado nada mas ver la luz.


Durante los años 30 y 40 el circuito pasó por manos de fanáticos del motor de diversa índole, organizando carreras de motos y eventos deportivos que desgraciadamente nunca llegaron a ser lo suficientemente multitudinarios como para mantener el negocio con beneficios. La distancia de 40 kilómetros que separan Sitges de Barcelona también era un inconveniente de cara a la asistencia de público. Así, a mediados de los 50, el circuito echó el cierre definitivamente.

Desde entonces, es lugar de peregrinaje de curiosos y nostálgicos que recuerdan como por esas verdaderas montañas de asfalto circulaban Mercedes de época a casi 200 kilómetros por hora. A dia de hoy se organizan visitas guiadas al Autódromo de Sitges y desde hace años se viene rumoreando que sus actuales dueños quieren reconvertirlo en un museo del motor, una grandísima noticia que sería un enorme motivo de alegría para cualquier amante del motor.

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